Haití, el reino de nuestro mundo
A raíz de los grandes desastres en el Sur surge siempre el debate o debería surgir el debate en torno a la Ayuda. Y es que nos movemos en dos espacios claves que a veces se convierten en tierras movedizas: la intervención y el seguimiento informativo/analítico de esta intervención. A través de estos espacios, en el caso de Haití, se están creando nuevos escombros sobre los ya existentes. Por suerte, meramente interpretativos, pero que pueden trasladar un distorsionado mensaje. En este artículo vamos a tratar esquemáticamente tres aspectos/escombros que se están trazando como verdades dadas o perspectivas cruciales a tener en cuenta. Como se puede observar en los comentarios que siguen, nos dedicamos a cuestionar a partir de reivindicar sencillamente criterios de calidad en la cooperación que tienen en cuenta y asumen la mayoría de organismos y entidades que trabajan en este campo de este hace tiempo. Nada nuevo, por tanto, pero que muchas veces se olvida.
1. La imposibilidad de los haitianos para ser protagonista de su propio desarrollo.
Un articulo del un dominical respetado y serio acababa de la siguiente manera sentenciosa sobre el futuro de Haití: “El fundamentado epílogo de un cooperante policial remite al pesimismo porque “la ineptitud es la tónica general en el país: muchos de los que quieren no pueden y la mayoría de los que pueden no quieren”. Y si dentro de cinco años se produce un terremoto similar al de 12 de enero, las consecuencias serán parecidas, agrega, porque los haitianos nada habrán aprendido. De hecho, y con honrosas excepciones, entre los escombros y los muertos del último holocausto vuelve a observarse la desidia y la inconsciencia propias de un pueblo sumido en el fatalismo y un orgullo que se agota en la propia pobreza del término. “Haití c’est comme ça” (Haití es así).”
Resulta difícil entender como algunos actores pueden llegar a rechazar las posibilidades del pueblo de Haití. Porque no se puede trabajar en Haití, en cooperación, ni en ningún sitio, si no es con las personas y para las personas, a partir de las capacidades de las mismas. No creerlo es despersonalizar a los individuos e incluso existe cierto componente de degradación, estigmatización o rechazo. Corre incluso un sudor frío con ciertos comentarios. Habrá que insistir que se trabaja con sujetos y no con objetos para aprovechar sus posibilidades y su dignidad de cara a reducir vulnerabilidades. Y que sin escarbar mucho surgen ricas experiencias de empeño y lucha entre los hombres y mujeres haitianos que refutan esta concepción pobre.
2. La cooperación previa no sirvió para mucho porque no evitó muchas de las consecuencias del desastre.
Cierto es que antes del desastre la presencia tanto de organismos multilaterales dependiente de la ONU como de ONGD es significativa llevando a cabo intervenciones de todo tipo, pero en este campo es importante no crear falsas expectativas, sobre todo pensando también en el futuro, porque caeremos en el mismo socavón/percepción. La cooperación, la ayuda en cooperación, no es un fin; es un medio necesario, como otros, para concretar procesos de desarrollo en un país del Sur. Si no se trabaja en paralelo con otros, por ejemplo comercio/producción, el barco no llega a ninguna parte.
Sin alejarnos mucho de esta trama, los actores de los diferentes entidades que se dedican a la cooperación son importantes, pero también el protagonismo de otros agentes. Vital, en este sentido es, por ejemplo, la implicación de las diferentes administraciones o el tejido social del país. Cierto es que le quitamos peso redentor a los agentes de la cooperación, pero de paso huimos de cierto verticalismo (otra vez) y reivindicamos la Declaración de París.
También, de camino, alguien puede señalar que nos encontramos con actores locales débiles para cultivar ciertas declaraciones. Pero es que estamos haciendo cooperación no militarismo humanitario. Y en cooperación se trabaja a partir de potenciar o crear un rico mosaico/ecosistema de actores
3. Haití y África son lo mismo.
Se tiende a identificar con suma facilidad Haití con África. En principio, este ejercicio se realiza desde las buenas intenciones. Haití y una serie de países subsaharianos ocupan los últimos lugares de la lista en desarrollo. Crear vínculos en este contexto es señalar sobre todo la necesidad de no abandonar a su suerte a su población. Pero se cae en el peligro también de identificar un mismo tipo (o único tipo de beneficiario), paso previo para detallar unos mismos perfiles que si no se trabajan bien pueden dar pie a imaginería tendenciosa y peligrosa. Es decir, puede servir para un nuevo we are de World, we are de children, pero nos olvidaríamos de algo estratégico en cooperación, el contexto.
Aunque parte su población de un mismo pasado, y esperando que sus avances en desarrollo sean muy significativos y los mismos, las dos zonas son diferentes. Haití forma parte de la región Caribe. Geográfica y culturalmente su parentesco está más en relación con sus territorios y pueblos vecinos. No es una isla africana en una isla caribeña. Este hecho fehaciente sirve para resaltar y recordar que cualquier perspectiva de intervención en cooperación tiene que adquirir esta visión regional. Y dentro de esta óptica territorial se debe de profundizar más en una cosmovisión isleña o local. Ver en un mismo horizonte de trabajo y planificación a República Dominicana y a Haití. A decir verdad, algunas ONGDs ya tienen esta visión de conjunto, con óptimos resultados que se han visto en su trabajo en relación con el desastre.
En definitiva, como resumen de lo dicho, los haitianos pueden dentro de una trama en una Haití caribeña. Tal vez todo se reduce al hecho que han faltado más imágenes mostrando la fortaleza, la dignidad y el sentido de cooperación de estas personas. No obstante, podemos garantizar que estas imágenes existen. Por este motivo muchos nos dedicamos a este mundo, a nuestro mundo.
José Antonio Morales.
Consultor.
AID Social Consultores




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